La mía no es una vocación, es una misión. - Ryszard Kapuscinski
jueves 09 de septiembre del 2010 Hora Colombia |
Por su parte, el juez David Ernesto Vega Rincón anunció que el 9 de febrero a las 3:30 de la tarde (20:30 GMT) dará a conocer la sentencia en el juicio por injuria y calumnia que se sigue contra el sociólogo, columnista y cronista colombiano. Aunque el concepto del delegado del Ministerio Público puede ser tenido o no en cuenta por el juez, este se considera una asesoría calificada. El 9 de febrero se celebra el Día del Periodista en Colombia. A las 10:55 de la mañana de este lunes el juez dio por terminada la etapa de “práctica de interrogatorios”, en la audiencia final de juzgamiento que inició el viernes. En esta segunda jornada de la audiencia, inicialmente la defensa de Molano incorporó al expediente una columna escrita por el ex vicepresidente de Colombia Humberto de la Calle.* Intervinieron en defensa de Molano el constitucionalista Carlos Gaviria Díaz, la gramática Adriana Camacho y el periodista barranquillero Alberto Salcedo Ramos. Luego expusieron sus alegatos finales, cada uno por 15 minutos, la parte civil (el abogado Andrés Garzón en nombre de los jóvenes Araújo) y el abogado de la defensa de Molano, Alexander Andrade. Garzón estuvo asesorado en todo momento por David Alfonso Benavides, quien fue presentado como “abogado sustituto” de los Araújos demandantes. A lo largo de los dos días de audiencia, invariablemente Benavides comentaba en voz baja a Garzón, enseguida éste cuchicheaba algo a la fiscal y ésta de inmediato intervenía, siguiendo las instrucciones de Garzón. El juez puso fin a esta práctica ya durante el interrogatorio a Salcedo. http://molanosomostodos.blogspot.com/ __________________________________________________________ * Columna escrita por el ex vicepresidente de Colombia Humberto de la Calle.
El representante del Ministerio Público, Sabino Pulgarín, adscrito a la Personería de Bogotá, solicitó “fallo absolutorio” a favor de Alfredo Molano Bravo. jueves 7 de agosto de 2008
Molano y la libertad de expresión
EL PROCESO QUE ADELANTA LA FISCALÍA contra el columnista Alfredo Molano es una seria amenaza contra la libertad de expresión.
De hecho, apenas si he visto fugazmente a Molano. Por cierto, es crecido el número de veces que discrepo de sus puntos de vista. Pero precisamente, como dijo el juez Holmes, “La libertad de pensamiento no es para los que piensan como uno, sino para aquel pensamiento que nosotros odiamos”.
De modo que el único y verdadero título que invoco para escribir esta columna es mi condición de ciudadano severamente calumniado varias veces en el transcurso de mi vida pública. Pese a eso, pese a las cicatrices que he sufrido, y quizás precisamente por ellas, reivindico el derecho de todos a pensar, opinar y expresarse, porque la necesidad de la sociedad de informarse libremente supera el riesgo de cometer alguna injusticia individual.
No sostengo que ese derecho carezca de límites, pero el examen cuidadoso de la columna cuestionada permite concluir que corresponde al ejercicio legítimo de la crítica social, el cual debe ser protegido y arropado como elemento esencial de una configuración verdaderamente democrática. Creo que la libertad de expresión es la matriz de las demás libertades.
Los segmentos de la columna tienen como destinatario “los notables” del Cesar. Además de que la referencia es claramente impersonal, la descripción que hace Molano, por cierto, es aplicable a muchas regiones de Colombia. Se trata de un esquema netamente feudal, en el cual, quienes ostentan el poder económico y el político, que allí y en otros lugares se entremezclan impúdicamente, impiden en la práctica el auténtico ejercicio de la ciudadanía a millares de personas que son, apenas, mesnadas electorales.
Como registrador fui testigo del manejo de corraleja que se daba a los electores de La Guajira. Tuve que enviar dactiloscopistas para asegurar la identidad de los electores, confundidos como ganado para votar ciegamente por el dirigente de turno, con la esperanza puesta en la botella de ron. Y no sólo allí. En muchos sitios el clientelismo arrebata a las personas sus derechos fundamentales para canjearlos por apoyos electorales espurios.
De modo que, además de la libertad de expresarse, Molano ejerce también una tarea de crítica social que es igualmente valiosa. Pobre sociedad aquella que silencia su conciencia, así sea una conciencia exagerada.
En el plano jurídico, la técnica usada por la Fiscalía, que consiste en llenar con nombres propios no usados por Molano la expresión genérica relativa a los notables, es particularmente peligrosa. Para configurar el presunto delito, allí donde dice “los notables”, la Fiscalía lee “los Araújo”. El mismo artificio se utilizó por parte de los denunciantes de SoHo y Fernando Vallejo. Donde se decía “católico” debía leerse los “denunciantes fulano y perencejo”. Por fortuna no prosperó la jugada. Espero que tampoco lo haga en el caso de Molano.
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